ecología

Un programa para calcular el índice de Brillouin

Siguiendo con cuestiones relacionadas con la Ecología teórica, hoy nos centraremos en otro índice de biodiversidad histórico, el índice de Brillouin, uno de los más antiguos aún en activo. Su fórmula es relativamente sencilla, pero el índice tiende a estar en desuso porque puede ser bastante exigente en cuanto a capacidad de cálculo y por ello muchas hojas de cálculo son incapaces de manejarlo. Para evitar este problema en torno a los años 50 se creó una versión simplificada, el índice de Shannon, que hemos visto en el post anterior y es hoy uno de los más extendidos por su sencillez de cálculo (ganada a costa de sacrificar parte de la precisión y ventajas estadísticas que ofrece Brillouin).

Afortunadamente los debianitas somos tipos que siempre guardamos un par de recursos bajo la manga y tenemos a quien poder recurrir cuando, como en éste caso, necesitemos realizar operaciones con números cuyo tamaño puede alcanzar fácilmente los 50.000 dígitos de extensión; así que he escrito el siguiente programa capaz de encargarse de calcular todo por nosotros, en nada de tiempo y sin despeinarse apenas, gracias a una de esos aliados poderosos de los que hablaba, una auténtica bestia llamada Python:

Aplicando algunos conceptos de ecología al análisis de las comunidades virtuales.

Hoy voy a dejar un poco de lado las cuestiones técnicas y trataré de abordar un problema cada vez más habitual con el creciente número de comunidades virtuales: cómo valorar la madurez y "estado de salud" de un foro de usuarios con respecto al de otros foros similares.

A lo largo de su vida los foros pasan por varias fases fácilmente reconocibles. El esfuerzo de crear un foro exige entusiasmo y cierta habilidad técnica, y al principio suele haber gente muy motivada e implicada. Más tarde, a medida que el foro se va poniendo de moda, aumenta el porcentaje de usuarios novatos que acuden con preguntas básicas o simplemente lo consultan como manual de referencia pero sin atreverse a escribir en él. También aparece un porcentaje de usuarios que directamente tratan de abusar del foro (ignorando las reglas, o esperando que les hagan sus deberes o que el foro sea su pringado/esclavo/servicio técnico gratuito particular) y para empeorar las cosas el foro empieza a atraer a los bots.

En ese momento es fácil morir de éxito, la repetición una y otra vez de preguntas triviales y la lucha contra el spam y los usuarios que incumplen sistemáticamente las normas, sobrecarga e irrita a la moderación. Eso lleva a discusiones que atraen a los trolls, y aumentan más el trabajo de los moderadores para evitar el previsible y típico desenlace: broncas entre grupos de usuarios alineados en diferentes bandos con las consiguientes escisiones, creación de foros paralelos o incluso la total desintegración de la comunidad.

Aparte del aumento de recursos técnicos para mantener el creciente foro en un estado razonablemente ordenado, el proceso suele implicar también la pérdida de recursos humanos cuando los expertos, desgastados por la ausencia de preguntas interesantes, o los moderadores, obligados a recordar una y otra vez las normas, deciden que sería mejor invertir su tiempo en otros asuntos y se trasladan progresivamente a comunidades más pequeñas y elitistas. Todo ello implica la pérdida de calidad en los contenidos del foro.

Lo que nos lleva a una segunda cuestión interesante: ¿cómo valorar la estabilidad de un foro?

Una posible aproximación al problema podría venir, desde mi punto de vista, de la ecología teórica. Un aliado no tan insospechado si pensamos en los foros como ecosistemas complejos en los que no faltan muestras de simbiosis, parasitismo, predación, competencia y territorialismo. Mi idea por tanto será aplicar varios conceptos clásicos de ecología y ver qué ocurre; más concretamente voy a comparar tres comunidades de foreros (esDebian, EsLinux y Ubuntu-hispano) mediante el cálculo de su "biodiversidad".

Creando un mapa complejo con Debian y Etopo

Un equipo de investigadores del Instituto Español de Oceanografía y el Institut Mauritanien de Recherches Oceanographiques et des Pêches han descubierto recientemente el arrecife de coral de aguas frías más grande del mundo frente a las costas de Mauritania (http://www.ieo.es). Los arrecifes de aguas frías, formados por ramas vivas y muertas del coral de cristal Lophelia pertusa entrelazadas en armazones tridimensionales muy laxos, son diferentes a todos los demás arrecifes porque son capaces de crecer en total oscuridad. Dentro de éstos auténticos zarzales submarinos de hasta 100 m de altura se refugian numerosas especies de peces, cangrejos y otros invertebrados formando ecosistemas únicos.

El cáncer facial FDTD es una enfermedad diabólica por partida doble, tanto por el animal al que afecta, el diablo de Tasmania, como por parecer sacada de una película de terror. Una mordedura durante una simple pelea y el animal se convertía literalmente en un "muerto viviente" cuyo rostro se iba desfigurado progresivamente. En pocos meses estaba sentenciado a morir por inanición (los tumores en la boca le impedían comer), o por las metástasis a los órganos internos. Es el único cáncer conocido que se transmite habitualmente por un mordisco y es fatal en la inmensa mayoría de los casos, exterminando a la mayoría de los diablos de Tasmania en toda su área de distribución desde que apareció súbitamente en 1996.